Soraya Rodríguez y Del Valle, al alimón: El PSOE ya no defiende la igualdad. Izquierda Española, sí

Soraya Rodríguez y Del Valle, al alimón: "El PSOE ya no defiende la igualdad. Izquierda Española, sí" Guillermo Gutiérrez

Política HABLANDO SOBRE ESPAÑA

Soraya Rodríguez y Del Valle, al alimón: "El PSOE ya no defiende la igualdad. Izquierda Española, sí"

"La amnistía es de extrema derecha porque es un privilegio para corruptos poderosos. Jamás la habrá para los de abajo" / "En España, se puede llamar progresista a unos xenófobos, pero defender la nación es fascista" / "No entendemos a quienes permanecen en un partido que no se atreven a votar".

14 abril, 2024 02:46

Guillermo del Valle y Soraya Rodríguez tienen, a priori, poco que ver. Él nació en Madrid, ella en Valladolid. Él tiene 35 años, ella 60. Él jamás ha militado en el PSOE, ella le dedicó toda una vida. Pero hay algo que tienen en común y que, en cualquier otro momento de la democracia española, sólo nos habría servido para decir: "Se parecen como un huevo a una castaña". Son de izquierdas y están en contra de la amnistía.

Hoy, un rasgo tan amplio como ese te puede llevar a fundar un partido político, Izquierda Española. Incluso te puede llevar a dejar las siglas de tu vida, las del PSOE. Ese ha sido el reto: construir todo un proyecto de país en contraposición a las alianzas de Pedro Sánchez con los nacionalistas. Han llegado a tiempo y se presentan a las elecciones europeas. Del Valle, como primero de la lista; Rodríguez, como segunda.

Su objetivo: entrar en la Eurocámara con un escaño. Juega en su favor la circunscripción única: necesitan 300.000 votos para conseguirlo.

Entrevista a Guillermo del Valle y Soraya Rodríguez

Conceden esta entrevista al alimón como arranque de campaña. Hace menos de una semana, se conoció el fichaje de Rodríguez por Izquierda Española. Quieren combatir el marco según el cual oponerse a la amnistía es ser de derechas. Rebaten: "Lo que es de extrema derecha es la propia amnistía. Jamás verán una amnistía o un indulto para los de abajo". Insisten en el Estado como garantía de la igualdad entre ciudadanos: "Pactar con quienes quieren desmembrarlo no puede ser de izquierdas".

Rodríguez cuenta que se encendió algo en ella cuando comenzó a escuchar a Del Valle y sus compañeros de El Jacobino, el canal de Youtube embrión de Izquierda Española. Encontró en ellos el argumento para refutar al aparato socialista, que acusa a González, Guerra y compañía de pensar lo que piensan por una cuestión de edad.

Del Valle encontró en Rodríguez la experiencia que necesita un partido nuevo. Su fichaje fue eurodiputada en los noventa, presidió el PSOE en Castilla y León, encarnó una secretaría de Estado y actuó como portavoz de los de Ferraz en el Congreso. Es discípula de Alfredo Pérez Rubalcaba.

Cuando Soraya se afilió al PSOE, usted, Guillermo, no había nacido. Ahora, con Izquierda Española, quieren ustedes resucitar, más o menos, lo que fue aquel PSOE.

G: ¿Esta pregunta va para mí?

S: Hombre, ¡a mí me acaba de llamar vieja! [se parte de risa]

G: Bueno, Soraya, igual sí que había nacido… Mejor no lo resolvamos. Dejemos ese dato en el limbo. Con Izquierda Española, queremos ofrecer una alternativa para mayorías sociales. Una izquierda que verdaderamente defienda la igualdad. Hubo un tiempo en que el PSOE tenía un rumbo reconocible en ese sentido. Hoy, su estrategia es gobernar a cualquier precio. O mejor dicho: estar en el gobierno a cualquier precio.

Es decir: ustedes conciben que los pactos con los nacionalistas impiden a quien los firma defender la igualdad entre españoles.

G: Exacto. Porque los partidos con los que pacta el PSOE buscan desmontar el Estado. Y el Estado es el gran instrumento de generación de igualdad. Si se rompe el Estado, los primeros perjudicados son los más débiles.

Volviendo a la pregunta sobre el viejo PSOE: no somos partidarios de recrear o resucitar proyectos pasados. Vivimos el presente, que tiene sus propios desafíos. Además, en Izquierda Española conviven distintas sensibilidades: progresistas, socialdemócratas, socialistas, sindicalistas, ex de Izquierda Unida… Igualdad y solidaridad frente a la fragmentación de los nacionalismos. Eso ya no lo representan ni el PSOE ni, por supuesto, Sumar y Podemos.

Izquierda Española tiene la expectativa de entrar en el Parlamento Europeo.

Izquierda Española tiene la expectativa de entrar en el Parlamento Europeo. Guillermo Gutiérrez

¿Cómo se conocieron?

S: Fue en una comida a través de amigos comunes el septiembre pasado.

Y en esa primera comida, Guillermo, ¿usted ya le tiró los trastos a Soraya?

G: Compartimos reflexiones políticas... [le entra la risa] Dijimos: “En España se pueden defender los derechos históricos, se puede ovacionar a Sabino Arana, se puede considerar progresistas a unos xenófobos, pero si uno defiende la nación política como garantía de igualdad… es un fascista”. Esa anomalía genera una gran conexión entre quienes formamos Izquierda Española.

S: Yo conocía El Jacobino de las redes sociales. Les seguía. Leía sus contenidos, veía sus actos… Me interesó mucho que fuera gente tan joven porque, como bien apuntaba usted al principio de la entrevista sobre mi edad…

Oiga, lo he dicho sin ninguna acritud. Discúlpeme.

S: Pertenezco a lo que hoy se llama “el viejo PSOE”. Cuando los referentes históricos del socialismo defienden las ideas de las que estamos hablando ahora, el aparato contesta diciendo: “Son viejos, no se adaptan al presente”. Conocer a Guillermo y sus compañeros es el mejor argumento para desmontar eso. Le dije... Guillermo, ya tienes eslogan: “Hola, soy Guille, soy socialista, tengo treinta y tantos y España es una nación”.

El Gobierno ha instaurado una dinámica según la cual quien se sale de ese credo de alianzas no milita en la izquierda, sino en la derecha.

S: Y resulta verdaderamente ridículo. A nosotros nos parece básico: ¿cómo la socialdemocracia o la izquierda no van a poder tener un proyecto de país? Parece que tenerlo te convierte ideológicamente en alguien de derechas. Estos últimos años nos han llevado a un teatro.

A usted le hizo portavoz del PSOE Alfredo Pérez Rubalcaba, que todavía hoy es reivindicado por la organización, pero que poco antes de morir acuñó aquello de “mayoría Frankenstein” para referirse a la fórmula escogida por Sánchez.

S: Alfredo era inteligentísimo. Cuando utilizó esa expresión, muchos de los que nos oponíamos a la fórmula de Sánchez encontramos en esa metáfora una manera de decirlo con una sola palabra. Frankenstein, la cabeza que no responde a lo que hace el resto de los órganos. Cuando se dice “Frankenstein”, todo el mundo entiende qué significa.

Cuando se fue usted del PSOE, era 2019. Se marchó, precisamente, por los pactos con el nacionalismo, que no eran ni la décima parte de lo que hoy ocurre. ¿Tuvo una conversación con Sánchez antes de dejar el partido? ¿Cómo fue?

S: En ese momento, ya se veía el Frankenstein, pero no imaginábamos que Sánchez sería capaz de llegar tan lejos. Pensábamos que era imposible ir a peor. Escribí una carta a la ejecutiva federal y otra a la ejecutiva provincial de Valladolid. Explicaba con suma franqueza lo que pensaba. Nunca fue una cuestión personal. No tenía nada contra Sánchez. Fue una cuestión política. No hubo respuesta a las cartas, tampoco la esperaba.

¿Era difícil ya entonces la oposición interna?

S: Cualquier manifestación crítica era una traición al partido y un ataque al secretario general. Creí que tenía que irme. Uno está en un partido porque cree que es bueno para su país. Así lo entiendo yo. No se debe militar solo porque tus padres o tus abuelos también lo hicieran. Un partido no es un equipo de fútbol, sino un instrumento para cambiar las cosas. No entiendo a quienes son tan críticos y siguen militando.

¿No entiende a Felipe González y Alfonso Guerra?

S: Felipe y Alfonso han desempeñado las máximas responsabilidades. No guardan silencio, hablan con claridad. Les entiendo. Dicen: “Soy el PSOE, que se vayan ellos, que son quienes están equivocados”. Me refiero más bien a quienes están escandalizados y guardan silencio. A esos que esperan momentos mejores. No entiendo que se pueda permanecer en un partido al que no te atreves a votar.

Guillermo del Valle y Soraya Rodríguez posan tras la entrevista.

Guillermo del Valle y Soraya Rodríguez posan tras la entrevista. Guillermo Gutiérrez

La nueva izquierda ha conseguido que decir “Izquierda Española” suene algo retro y algo de derechas. Cuando Errejón fundó Más País, no se atrevió a llamarlo “Más España”. ¿Qué le pasa a la izquierda con la idea de la nación? Hemos hablado de las consecuencias, de las alianzas del PSOE, pero no de las causas.

G: Franco patrimonializó la idea de España durante cuarenta años. Lo que hace hoy la izquierda oficial, con esa alergia, es un homenaje póstumo al dictador. Se comen ese cuento tan terrible e injusto del régimen: “España es el Movimiento. Los que están fuera son la antiespaña”.

Es un fenómeno genuinamente español.

G: Es cierto porque ha habido dictaduras más o menos coetáneas que no han dejado como consecuencia una izquierda acomplejada con la idea de nación. El golpe de los coroneles en Grecia, Salazar en Portugal, Pinochet en Chile… Y la izquierda actual en estos países no cree que sacar la bandera y defender la nación sea de derechas o incluso fascista. No es sólo culpa del franquismo, la izquierda ha hecho muy mal la digestión.

Las izquierdas a la izquierda del PSOE siempre han sido cercanas a los partidos nacionalistas, pero el socialismo actuaba como cierto dique de contención. Ustedes nacen con el quijotismo de –con muy pocos recursos– reconstruir ese muro. ¿Cómo se hace en la práctica?

G: Es difícil porque el proceso de descomposición del Estado del que hablamos viene de muchos años atrás. A eso se añade la amnistía; también el cupo catalán, que es la posibilidad de romper la caja única de la Seguridad Social. No son mitos, sino realidad. Se están cruzando tantas líneas rojas en tan poco tiempo… Izquierda Española es una idea a la que le ha llegado su tiempo. Lo digo de manera más gráfica: no somos de Vox por estar en contra de que extremeños y andaluces financien a los catalanes.

Tanto Del Valle como Rodríguez son abogados.

Tanto Del Valle como Rodríguez son abogados. Guillermo Gutiérrez

Por ser concretos: ¿cuál es hoy la expectativa? ¿Manejan algún sondeo que les otorgue un diputado en Bruselas?

G: Tenemos pocos recursos económicos, ¡como para pagar nuestros propios sondeos! Pero tenemos los suficientes para hacer una buena campaña. Creo que vamos por el buen camino. Cuando la gente conoce Izquierda Española y se informa, muchos lo consideran una alternativa. Creo que no somos una cuestión coyuntural, sino que respondemos a un problema estructural. Vamos a entrar en el Parlamento Europeo.

Hay un dato ineludible: el votante de izquierdas, en general, parece preferir la mayoría de Sánchez con los nacionalistas a la posibilidad de que Vox entre en el gobierno. De hecho, el PSOE creció en votos en las últimas generales. ¿Es posible combatir ese marco?

S: Con un matiz. Antes de las últimas generales, Sánchez había revelado cómo estaba dispuesto a gobernar, pero la amnistía no estaba sobre la mesa y es un elemento central. De hecho, muchos miembros del Gobierno y el propio Sánchez la situaban fuera del marco constitucional. Pero sí, eso que usted dice es verdad. La polarización extrema que obliga supuestamente a elegir entre la suma de los identitarismos y el PSOE o el PP de la mano de Vox está operando.

El PP también se saltó sus propias líneas rojas.

S: El PP ha demostrado que incumple esa línea con la misma facilidad que Sánchez. El espectáculo atroz al que sometió Feijóo a su partido unos meses antes de las generales pactando con Vox en todas las Comunidades donde le era necesario… Vox es una fuerza de extrema derecha. Llegamos a ver a unas personas en los cargos de Vox… como para hacer un estudio. Eso dio alas a Sánchez: “O yo o la extrema derecha”. Es terrible. Voló por los aires el terreno de juego.

Una de las fórmulas propuestas por algunos viejos socialistas y por actuales dirigentes del PP pasa por mirar al centro y elucubrar incluso con una gran coalición a la alemana. Pero ustedes se dicen un partido “muy de izquierdas” y ese camino les obligaría a extraviar la etiqueta.

G: Una cosa es respetar la interlocución democrática con los liberales y los conservadores, ¡cómo no vamos a quererlo! ¡Cómo no vamos a reconocer la diferencia y la existencia de otros proyectos! Y otra cosa es que la izquierda renuncie a tener un proyecto autónomo.

La izquierda debe tener un proyecto diferenciado de la derecha: política económica, fiscal, laboral, medioambiental, derechos civiles… La agenda de la izquierda no puede ser la ley trans para decir que las categorías biológicas no existen o que afirmarlas es ser de Vox. La izquierda tiene que salir del identitarismo. Dicho esto, no compartimos en absoluto el proyecto económico, por ejemplo, del ayusismo.

Usted, Guillermo, dijo en una entrevista reciente en este periódico que Ayuso practica el “dumping fiscal”.

G: ¡Dicen que Glovo es un modelo de emprendimiento! Ese modelo fiscal abiertamente neoliberal no es el nuestro. Me recordó usted que eso del dumping fiscal de Ayuso también lo dijo Rufián. Oiga, si a Rufián le gustan los huevos con patatas, qué le vamos a hacer. Eso lo explica muy bien Félix Ovejero: si todo el mundo tiene competencia en fiscalidad, nadie la tiene.

S: Sobre el PP, me gustaría añadir una cosa. No comparto en absoluto su posición sobre la no renovación del CGPJ. Pueden defender el modelo de elección que quieran, pero mientras no se modifique la ley, su obligación es proceder a la renovación según las normas establecidas. Lo mismo ocurre con el Gobierno y los Presupuestos. ¿Qué es eso de no presentarlos porque "no se dan las condiciones"? ¡Son la base del gobierno! Si no puedes aprobarlos, tienes que convocar elecciones. Lo marca la tradición democrática.

Soraya Rodríguez fue portavoz del PSOE en el Congreso con Pérez Rubalcaba al frente del partido.

Soraya Rodríguez fue portavoz del PSOE en el Congreso con Pérez Rubalcaba al frente del partido. Guillermo Gutiérrez

La ley de amnistía, a la que ustedes han apuntado ya en varias respuestas, es un “privilegio” que, etimológicamente, explicaba Javier Gomá en esta sección el otro día, significa “ley privada”. ¿Cómo es posible que millones de votantes asuman como de izquierdas la creación de una ley privada para unos cuantos poderosos?

G: Con la amnistía no va a llegar más justicia social, ¡al revés! Soy abogado. Tengo clientes de distintos estratos sociales, pero muchos de ellos son de clase trabajadora. Es impensable una amnistía para los de abajo, por volver a esa retórica que utilizaba el primer Podemos. Para los de abajo, el indulto o la amnistía es impensable. La amnistía es de extrema derecha.

¿Les gustaría que se votara en referéndum?

G: Votar la amnistía en referéndum no la convertiría en justa. Es, en sí, una ley arbitraria. Pongamos que fuera votada por el 80% de los españoles: tampoco sería justa. En una democracia, no todo se somete a referéndum. Veamos un caso extremo: ¿y si se hace un referéndum para excluir del censo electoral a determinado colectivo? Si triunfara esa postura, ¿sería justo? El gran argumento de los independentistas es “el derecho a decidir”. Un derecho inventado.

S: Lo llaman “amnistía”, pero en realidad no lo es. Esta ley es un acuerdo con unos políticos corruptos condenados por gravísimos delitos de malversación y contra el orden constitucional. Es un pacto entre políticos, no una amnistía como se entiende tradicionalmente. Todo a cambio de siete votos para una investidura. No hay nada que más repugne en Europa que un pacto entre políticos para garantizarse la impunidad.

Usted, Soraya, sigue siendo eurodiputada. Lo fue también hace veinte años con el PSOE. ¿Qué dicen el resto de socialistas europeos sobre la amnistía? Porque Sánchez parece tener una buena imagen internacional.

S: Europa es un proyecto con dos pilares. La democracia y el Estado de Derecho. El respeto a quienes representan a un gobierno, a un Estado, está siempre garantizado. Eso es lo que usted ve en las buenas relaciones de Sánchez. La próxima presidencia europea la va a tener Orban. Y tendrá ese respeto. Otra cosa es lo que se piense de sus políticas.

¿Y sobre Puigdemont? Dígame la verdad: ¿es percibido mayoritariamente en la Cámara como un exiliado político?

S: Creo que hay una sensación de incomprensión muy mayoritaria sobre las políticas de Sánchez. Cuando ocurrió el golpe de 2017, los españoles tuvimos que hacer un gran esfuerzo pedagógico para explicar que no tenemos presos políticos, que somos una democracia completa, que no se persigue a la gente por lo que piensa, sino por lo que hace…

Y todo esto lo hicieron también tanto el PP como el PSOE. Ahora no se entiende cómo el Gobierno de España, después de todo lo dicho, está defendiendo el discurso de Puigdemont. El concepto del Estado como verdugo. Como fue verdugo, hay que amnistiar lo que se condenó. Basta con leer la ley de amnistía.

¿Tienen algo que decir sobre el lío de sábanas? Me refiero por un lado a las informaciones sobre la esposa del presidente, Begoña Gómez; y a las informaciones sobre Alberto González Amador, el novio de Ayuso.

G: Somos muy respetuosos con la presunción de inocencia siempre. Nos preocupa la degradación del debate público e institucional en España. Haciendo esas dos salvaguardas, queremos decir algo sobre esos chanchullos y negocietes, sean delito o no, que detraen el dinero público de otras cosas. ¿Cómo gastamos y en qué gastamos? Después llegan los recortes sociales y se dice que no hay dinero para lo importante. Hay una cosa que me llama la atención.

Diga.

G: Algunos políticos de derechas de Madrid que están todo el tiempo clamando contra “papá Estado” y “las paguitas” curiosamente han hecho negocio al calor del poder político y del Estado. Hermanos, amantes, amigos, novios, primos… Si creen en un Estado más pequeño, con menos gasto público, que prediquen con el ejemplo. Del otro lado lo mismo.

El caso Koldo.

G: Utilizar un momento de destrucción y catástrofe social para firmar contratos fraudulentos… Es una vergüenza.

El clima en el Congreso es maleducado y vulgar ya desde hace tiempo. Paradójicamente, uno de los que hizo esa denuncia es el ministro Óscar Puente, con cuyos insultos también puede escribirse una larga lista. Soraya, usted lo conoce bien porque fue su compañero en la agrupación de Valladolid. ¿Qué puede decir de Puente?

S: Soy partidaria de evitar las referencias personales salvo en casos imprescindibles. Porque creo que contribuye a mejorar el tono del debate. Sobre Puente, simplemente diré que, con su Twitter, está haciendo daño a la institución que representa.

Si no entran en el Parlamento Europeo, ¿tienen financiación y ganas para presentarse a próximas elecciones?

G: Sí. La evolución paulatina del proyecto es muy satisfactoria. Creo que Izquierda Española puede ser una alternativa ilusionante. Un verdadero proyecto de izquierdas, y no un simple “que viene Vox”. Queremos una España más justa, más igualitaria, más moderna. Creo que hemos construido un programa atractivo, ilusionante y transversal.