Gay Talese. Foto: © Joyce Tenneson

Gay Talese. Foto: © Joyce Tenneson

Letras

Gay Talese: “El gobierno de Biden está loco: le da armas a Israel y comida a los palestinos”

Pionero del Nuevo periodismo, publica 'Bartleby y yo', memorias profesionales de sus andanzas en 'The New York Times' y 'Esquire'.

15 abril, 2024 02:10

Cuando empezó a colaborar con Esquire, en 1965, tras haberse curtido en The New York Times como chico para todo, reportero deportivo, redactor de obituarios y autor de reportajes en el dominical, Gay Talese (Ocean City, Nueva Jersey, 1932) tenía un acuerdo con el editor de la revista, Harold Hayes: escribiría largas historias de ciudadanos anónimos y, de vez en cuando, se ocuparía de alguna celebrity.

Esta última cláusula era una concesión porque este pionero del Nuevo periodismo, que incorporó criterios y exigencias literarias al oficio reporteril, había encarrilado su labor en prensa hacia los seres anónimos. Ahí es donde había encontrado la veta sobre la que picar y sobre la que hacerse un nombre.

Por eso, cuando Hayes le encargó volar a Los Ángeles para entrevistar a Frank Sinatra y este empezó a darle largas durante varios días, sintió, más que frustración, alegría. Pensaba: ojalá se trunque esto del todo y vuelva cuanto antes a casa para hacer la entrevista que realmente me apetece. Su objetivo era Clifton Daniel, el director editorial de The New York Times, porque entonces llevaba entre manos una serie de perfiles de diversas figuras curiosas de la histórica cabecera neoyorquina.

Talese, al final, no llegó a hablar con La Voz pero eso no fue óbice para que firmara un reportaje para la historia, tejido con retazos de conversaciones con sus adláteres: sus guardaespaldas, su doble, su publicista… Una pieza hoy reverenciada por su audacia y riqueza polifónica.

En Bartleby y yo (Alfaguara) rememora la trastienda de este reportaje y de otros hitos periodísticos del artífice de obras maestras como Honrarás a tu padre y ese monumento de la cultura italoamericana que es Los hijos. Aparte, el volumen recoge la insólita peripecia de Nicholas Bartha, el hombre que voló su fantástica casa en Manhattan para evitar entregársela a su exmujer, como había decretado la jueza que estableció los términos económicos del divorcio de ambos.

“Bartleby fue un personaje muy inspirador. Una historia muy poderosa de un hombre solitario que no quiere que le mangoneen”

Pregunta. Cuenta en el libro que cuando entró en The New York Times como chico de los recados un veterano reportero le dijo: “Joven, nunca entrevistes a nadie por teléfono”. Le parecía un medio frío, a través del cual no se obtenía suficiente información. A mí no me queda otro remedio...

Respuesta. Nada, nada, tranquilo. Lo suyo sería estar allí en Madrid, con usted.

P. O mejor todavía: que yo estuviera en su brownstone [casa típica neyorquina de ladrillo] del Upper East Side [desde la que nos habla Talese].

R. Pues también, sí. Bueno, no se preocupe, irá bien. ¿En qué puedo ayudarle?

P. Pues tengo por aquí muchas preguntas.

R. Vamos a ello.

P. Enciendo la grabadora, espere un segundo… Por cierto, usted nunca ha utilizado grabadora. ¿Le parece un elemento ‘extraño’ en medio de una conversación?

R. Me he concentrado siempre en la observación. La grabadora no recoge lo que realmente está pensando el entrevistado. Yo repito además muchas veces la misma pregunta, porque no siempre se obtienen las mismas respuestas. Es así como se consiguen detalles valiosos.

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P. Titula su libro Bartleby y yo. ¿Hasta qué punto esa historia del escribiente de Melville fue inspiradora para usted en sus comienzos?

R. Lo fue muchísimo. Me interesaba mucho ese personaje misterioso del que no se sabe apenas nada: ni quiénes son sus padres, ni si está casado… Nada. Aun así, es una historia poderosa, precisamente por el detallismo con el que es observado. La observación es la clave de todo buen relato.

»Bartleby es un tipo solitario y un buen empleado, que hace muy bien su trabajo, pero que no quiere que nadie le mangonee. Y es muy obstinado en la defensa de su posición. Eso me gusta mucho.

P. Y es también un personaje anónimo, lo cual tiene mucha importancia, porque usted apostó por contar historias de la gente aparentemente normal de la calle. Es su marca.

R. Así es. Me encantaba leer historias como la de Bartleby, en la que un escritor de ficción conseguía atraparte con las andanzas de un donnadie. Lo ordinario se convertía en extraordinario. Bartleby, el escribiente es el paradigma de esta mutación. Yo quería hacer lo mismo desde la no ficción.

“En el Nuevo periodismo la prioridad es buscar el factor humano tras la noticia, como hicieron Tolstói o Shakespeare”

P. Willy Loman, el perdedor de Muerte de un viajante, también le marcó mucho, ¿no?

R. Es otro ejemplo magnífico de esto que hablamos. Un derrotado anónimo cuya historia hoy se representa en los teatros de España, de China, de Francia… Yo quería hablar de tipos como Loman pero desde el periodismo, porque escritores de ficción, además, ya había muchos muy buenos.

»En eso fue en lo que me volqué, en hacer lo que hicieron Tolstói o Hemingway pero en el ámbito del reporterismo. Es decir, historias reales en las que los nombres de los protagonistas no se cambian y los hechos no se adornan.

P. Un camino difícil porque, de entrada, resultan más atractivas para editores y lectores las historias de celebridades como Sinatra.

R. Es verdad, era un desafío complejo, porque, como dice, con personajes famosos entre manos ya tienes parte del camino recorrido para seducir a editores y lectores pero también pueden conseguirse grandes éxitos por la vía que yo tomé.

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P. Nicholas Bartha, el doctor de origen rumano protagonista de la tercera parte de Bartleby y yo, es otro exponente de ese fecundo anonimato que tanto juego le ha dado. ¿Qué le atrajo tanto de su venganza?

R. Es la historia de amor de un hombre por su casa. Mucha gente desarrolla este tipo de vínculos emocionales con los espacios donde vive. El brownstone de Bartha representa su triunfo sobre las dificultades, la de un inmigrante rumano en los Estados Unidos cuya familia había sido previamente expoliada por el régimen comunista de su país.

»Bartha consiguió con su trabajo y su esfuerzo comprar una bonita casa en un barrio pudiente de Manhattan como el Upper East. Pero el divorcio hace que la pierda. Es una tragedia como la de Loman. No pude hablar con él pero lo hice con todos los implicados en esta magnífica historia, igual que cuando el reportaje de Sinatra.

P. Usted tiene también un brownstone en el Upper East. ¿Eso le hizo sentirse identificado con Bartha y su drama?

R. Desde luego. Yo nunca hubiera tomado una decisión tan drástica como la suya, volando con gas mi propia casa, pero entiendo el apego que sentía hacia ese pedacito de propiedad en Manhattan. Yo empecé a vivir en este brownstone cuando tenía 26 o 27 años. Toda mi vida, todo mi matrimonio, está, pues, dentro de sus paredes.

P. Al contrario que Bartha, usted mantiene su matrimonio en un saludable estado de armonía tras más de seis décadas junto a Nam, a la que, además, dedica este libro. ¿Cuál es la clave para conseguir algo así?

R. Que cada uno tenga su propia ocupación. Ella es una editora de éxito, que ha publicado a autores como Margaret Atwood. También es importante el brownstone. El nuestro tiene cinco plantas y ocho habitaciones. Nunca hemos compartido dormitorio. Esto es fundamental. Luego hay mucha gente que cree que el sexo es lo máximo pero no lo es tanto. El respeto es lo más relevante, incluso más que el amor.

“Odio la política. No me gusta ni Biden ni Trump, ninguno de los dos merece ser presidente. No voy a votar a ninguno. Es triste”

P. Es uno de los pioneros de lo que se dio en denominar Nuevo periodismo. ¿Cuál es la lección más importante que esta corriente ha dejado a las nuevas generaciones de periodistas?

R. La prioridad por buscar el factor humano detrás de cada noticia. Y tener presente lo que hicieron antes Shakespeare, Tolstói, Scott Fitzgerald o Capote, que fueron grandes storytellers.

P. ¿Cree que el periodismo se está convirtiendo cada vez más en un oficio similar a cualquiera de los que se ejercen en plúmbeas oficinas?

R. Ha cambiado mucho por la tecnología. Eso de hacer entrevistas por mail… Cuando yo era joven nadie usaba el teléfono. Salíamos a la calle a llamar a las puertas y hablar con la gente, cara a cara.

P. Usted dice que escribe como un sastre. ¿En qué sentido lo afirma?

R. En el sentido de cómo trabajaba mi padre, que era sastre. Con el detallismo y el cuidado que lo hacía. Confeccionando con diversas piezas un bonito traje hecho a mano, con mimo y tiempo, escogiendo los retales adecuados. Así hago yo con cada palabra que uso.

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P. Nueva York es una ciudad magnífica para un pescador de historias como usted, ¿no?

R. Sin duda, uno baja al metro y oye diez lenguas diferentes en un vagón. Aquí hay gente de todo el mundo. Mi familia, por ejemplo, vino de Italia.

P. Por cierto, ¿usted habla italiano?

R. No, no, nunca lo aprendí.

P. ¿No lo hablaban sus padres en casa?

R. No, solo cuando querían contarse algún secreto. Mi madre hablaba muy bien inglés; mi padre también, pero con acento.

P. En noviembre, elecciones en EE.UU. Biden contra Trump. ¿Qué pronóstico tiene?

R. Odio la política. No me gusta ni Trump ni Biden, ninguno de los dos merece ser presidente. No voy a votar a ninguno. Estoy muy triste. No me gusta la política exterior de mi país. No tenemos derecho a decir qué debe hacer China en Taiwan, es un asunto suyo. Ni derecho a decirle a los rusos qué hacer, cuando hemos metido la OTAN en el patio trasero de su casa.

»Lo de echar a Sadam de Iraq fue un desastre. En Afganistán, después de todo, son los talibanes los que gobiernan. Estamos mandando armas a Israel y a la vez comida a la gente que mata Israel. Este gobierno está loco.

“Mucha gente que cree que el sexo es lo máximo pero no lo es tanto. El respeto es lo más relevante, incluso más que el amor”

P. Usted estaba afiliado [registered] al partido demócrata, ¿no?

R. Sí, sigo, pero estoy muy disgustado. Son muy pocos los políticos que me gustan. Bloomberg, que fue alcalde de Nueva York, fue uno. Eisenhower no fue para tanto. Carter estuvo bien, aunque su relación con Jomeini lo ensombreció todo. Johnson hizo cosas buenas pero lo de Vietnam… Obama estuvo bien pero sin más. La verdad es que no tenemos un buen presidente desde Franklin D. Roosevelt. Es demasiado tiempo.

P. Si gana Trump, ¿qué le espera a los Estados Unidos, y al mundo?

R. No creo que tenga consecuencias tan relevantes. La política está en manos de burócratas. Un presidente que no tenga un apoyo fuerte en el Congreso está limitado.

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P. El asalto al Capitolio dio una imagen pésima del país. ¿Lo de la una guerra civil es una posibilidad no descartable?

R. Hay mucha gente muy cabreada. Existe una élite que se reparte el poder. Frente a esta minoría, hay una mayoría de personas en una situación muy difícil, con trabajos mal pagados que además están siendo reemplazados en sus puestos por la tecnología. Trump ha sabido conectar con ellos.

»Mientras, los demócratas, ensimismados en sus círculos, han perdido pie con la realidad. Los latinoamericanos ya no votan al Partido Demócrata. Qué desastre. En fin, ya he hablado demasiado de política. ¿Tiene material suficiente?

[La grabadora marca casi una hora de conversación. Sí, tenemos suficiente, generoso maestro].